Rabietas de 1 a 3 años: qué hacer antes, durante y después
11 de agosto de 2026

Las rabietas son una respuesta muy normal de los niños pequeños ante situaciones que no controlan o que todavía no saben gestionar. Son frecuentes durante el segundo año de vida, cuando el lenguaje apenas está empezando, y a muchas familias les resultan agotadoras y difíciles de manejar.
En esta guía te explicamos qué es una rabieta, cuándo empiezan y cómo gestionar las rabietas de los 1 a los 3 años con un orden sencillo: qué hacer antes para prevenirlas, qué hacer durante y qué hacer después. También te contamos cómo se acompañan en una escuela infantil como Nativo ® Babies, el centro de educación infantil de Nativo by The Globe en Granada.
Qué es una rabieta y por qué aparece
Una rabieta es una manifestación intensa de frustración y enfado. Durante una rabieta, el niño puede llorar, gritar, patalear o tirarse al suelo. Aparece cuando quiere algo, o quiere hacerlo él solo, y todavía no tiene las palabras ni las habilidades para conseguirlo, según explica KidsHealth. Es una parte normal del desarrollo.
Las rabietas pueden tener motivos distintos: cansancio, hambre, ganas de hacer algo solo, un límite que no le gusta o simplemente una emoción demasiado grande para su edad. Distinguirlos ayuda a elegir cómo responder.
Cuándo empiezan las rabietas y cuánto duran
Las rabietas son frecuentes durante el segundo año de vida, así que muchas familias las notan por primera vez hacia los 15 o 18 meses. La Asociación Española de Pediatría indica que forman parte de la conducta normal del niño pequeño, especialmente entre los dos y los tres años.
- Rabietas a los 15 y 18 meses. El niño empieza a querer cosas y a decir que no, pero casi no tiene palabras. La frustración llega muy rápido.
- Rabietas a los 2 años. Quiere hacerlo todo solo y probar los límites. Es la edad en la que más se habla de "terribles dos".
- Rabietas a los 3 años. Hay más lenguaje, pero también más ideas propias. Si tu hijo ya tiene 3 años, te ayudará la entrada sobre la etapa del no.
No hay una duración fija, y cada niño tiene su ritmo. Lo habitual es que las rabietas vayan disminuyendo a medida que mejora su capacidad de comunicarse y de gestionar lo que siente.
Antes de la rabieta: cómo prevenirlas
Muchas rabietas se pueden evitar, o al menos suavizar, si se cuidan algunas cosas antes de que aparezcan:
- Cubre las necesidades básicas. El sueño, el hambre y la sobreestimulación están detrás de muchas rabietas. Según KidsHealth, que un niño duerma lo suficiente puede reducirlas de forma considerable.
- Evita los momentos de riesgo. Si sabes que tu hijo está cansado, no es el mejor momento para ir al supermercado ni para hacer deprisa un último recado.
- Mantén rutinas y avisa de los cambios. Saber qué va a pasar da seguridad. Una frase corta como "en cinco minutos recogemos" reduce muchas sorpresas.
- Ofrece pequeñas elecciones. Dos opciones que te valgan a ti, como el vaso azul o el verde, le dan sensación de control.
- Redirige su atención. A esta edad la atención es muy breve, y ofrecer algo distinto a lo que quiere pero no puede tener suele funcionar.
Qué hacer durante una rabieta
Cuando la rabieta ya ha empezado, el objetivo no es detenerla a toda costa, sino acompañarla con calma y sin darle un resultado:
- Mantén la calma. Si tú te alteras, la rabieta suele intensificarse. Respira y baja la voz.
- Asegúrate de que está a salvo. Si hay riesgo de que se haga daño o lo haga a otros, llévalo a un lugar tranquilo y seguro.
- Usa pocas palabras y firmeza. La Asociación Española de Pediatría recomienda rotundidad y pocas palabras, porque en plena rabieta no puede razonar.
- No cedas. Darle lo que pide para que pare le enseña que la rabieta funciona, y la repetirá.
- Pon nombre a lo que siente. Una frase corta como "estás enfadado porque querías seguir jugando" ayuda a construir la base para que aprenda a autorregularse, aunque no corte la rabieta en ese momento.
- Quédate cerca. No ceder no significa dejarle solo: estar a su lado le da seguridad mientras se calma.
Qué hacer después de una rabieta
Cuando se calma, es el momento de reconectar y de volver a la rutina:
- Ofrece cercanía. Un abrazo o unas palabras tranquilas le hacen saber que sigue teniendo tu apoyo.
- Vuelve a la actividad. Pasa a otra cosa sin hacer un sermón: a esta edad no entiende explicaciones largas.
- Refuerza lo que hace bien. Reconoce cuando se calma, cuando espera o cuando intenta pedir algo con palabras o gestos.
- Revisa qué ha pasado. Si la rabieta se repite a la misma hora o en la misma situación, quizá haya algo que ajustar, como un horario o una rutina.
Los errores más comunes al gestionar una rabieta
Algunas reacciones, aunque salgan con la mejor intención, hacen que la rabieta se alargue o se repita:
- Perder la calma. Elevar la voz o mostrar nerviosismo contagia la tensión.
- Ceder ante la rabieta. Refuerza el comportamiento y le enseña que funciona.
- Ignorar sus necesidades básicas. Hambre, cansancio o sobreestimulación pueden estar detrás.
- Castigar durante la rabieta. Aumenta su frustración y no le enseña a gestionar la emoción. Es mejor esperar a que se calme.
Cuándo consultar con un profesional
Las rabietas son normales, pero conviene hablarlo con tu pediatra si son muy frecuentes, muy intensas o muy largas, si tu hijo se hace daño con ellas, o si sientes que no puedes manejarlas. KidsHealth indica además que a veces un problema de vista o de oído, un retraso en el lenguaje u otras situaciones pueden favorecerlas, por lo que el pediatra podrá valorar si hay algo más detrás. Esta guía es informativa y no sustituye la valoración de un profesional.
Cómo se acompañan las rabietas en una escuela infantil: Nativo ® Babies
En los primeros años, las rabietas también forman parte del día en la escuela. Nativo ® Babies es la escuela infantil 100% en inglés de Nativo by The Globe en Granada para niños de 0 a 3 años, y su forma de trabajar se apoya en cuatro ideas:
- Una teacher de referencia. Cada niño tiene una educadora que lo acompaña durante todo el curso, lo conoce y construye con él un vínculo de seguridad.
- Rutinas estables y un adulto por cada 7 u 8 niños. Una jornada predecible reduce muchas sorpresas y permite atender a cada niño cuando lo necesita.
- Autonomía desde el enfoque Montessori. Los materiales y rincones están pensados para que el niño haga las cosas por sí mismo, que es justo lo que pide a esta edad.
- Comunicación con las familias. El parte diario y el informe semanal con fotos permiten que casa y escuela vayan en la misma línea.
Además, los primeros 15 días son un periodo de adaptación progresivo, con entrada escalonada y una teacher de referencia.
Si quieres saber cómo trabajamos en el día a día, contacta con el equipo.
Preguntas frecuentes sobre las rabietas
¿Qué es una rabieta?
Es una manifestación intensa de frustración y enfado en un niño pequeño que todavía no sabe expresar o gestionar lo que siente. Forma parte del desarrollo normal.
¿Cuándo empiezan las rabietas?
Son frecuentes durante el segundo año de vida, por lo que muchas familias las notan hacia los 15 o 18 meses, y son especialmente habituales entre los 2 y los 3 años.
¿Cuánto duran las rabietas?
No hay una duración fija. Suelen disminuir a medida que el niño mejora su comunicación. Si son cada vez más frecuentes, intensas o largas, consulta con tu pediatra.
¿Cómo manejar las rabietas de un niño de 2 años?
Previene lo que puedas (sueño, hambre, rutinas), mantén la calma durante la rabieta, usa pocas palabras, no cedas y reconecta cuando se haya calmado.
¿Qué hacer ante una rabieta?
Mantén la calma, asegúrate de que está a salvo, usa pocas palabras, no cedas a lo que pide con la rabieta y quédate cerca hasta que se tranquilice.
¿Se debe ceder ante una rabieta?
No. Si el niño consigue lo que quiere con una rabieta, aprende que funciona y la repetirá. Lo que sí conviene es reflexionar sobre qué necesita y ayudarle a pedirlo de otra manera.
¿Cómo ayuda una escuela infantil con las rabietas?
Una escuela infantil ofrece rutinas estables, una educadora de referencia, un número reducido de niños por adulto y comunicación con las familias, lo que da seguridad al niño y coherencia entre casa y escuela.
